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El deseo es una forma de alimentar lo que no somos, lo que no sentimos propio y auténtico. Cuando deseamos algo, sentimos ansiedad, estrés, y diría que hasta cierta negatividad encubierta de temor, pues el deseo encierra el miedo a no tener lo que hemos deseado. Pero… ¿por qué esto nos aleja de la autenticidad? Porque el deseo busca sustitutos externos de lo que considera que carecemos por dentro. Se nutre de nuestra parte miedosa que está desconectada, y quiere lograr cosas para sentirse valiosa y completa.

Pero… ¡no todo está perdido! El deseo también tiene una versión luminosa: el anhelo de hacer lo que nos hace felices, que no solo representa lo que verdaderamente queremos, sino la búsqueda de ello.

Si bien es imposible que dejemos de desear, podemos empezar a reconocer esos deseos y quedarnos solo con los que activan nuestro bienestar. Les propongo dos claves para facilitar el proceso:

✔Cuando lleguen deseos a la mente, bajémoslos al cuerpo. Si no se siente en paz, dejémoslos pasar.
✔Tengamos clara la diferencia entre lo que anhelamos y lo que deseamos.

RECORDAR: Si cedemos ante el deseo, nos perdemos a nosotros mismos y la autenticidad perderá brillo.

Elijo la pausa para revisar si mi intención es auténtica

Por lo general, la pausa no es lo primero que elegimos. Lo hacemos cuando estamos confundidos o agotados, cuando no podemos más. Pero pausar la mente es aprender a dar un paso atrás en lo cotidiano para revisarnos a nosotros antes de hacer o resolver algo. En palabras más simples: pausarnos nos permite saber si lo que vamos a hacer refleja nuestra intención, si es auténtico.

Para ayudarte a entender mejor lo anterior, me apoyaré en los beneficios de elegir la pausa:

  • Desde un lugar de pausa podemos ver con más perspectiva lo que nos sucede.
  • Nos permite distraernos menos y darnos cuenta de la presencia del alma.
  • Nos ayuda a diferenciar un anhelo de un deseo para evitar estresarnos y desperdiciar esfuerzos.
  • Nos permite llegar a la reflexión para determinar qué es lo que queremos, antes de decir “sí” o “no”.
  • Nos regala espacios para crear consciencia y poder ser más amables, creativos e ingeniosos.
  • Nos enseña a estar quietos, que no significa estar inmóviles, sino a cambiar de ritmo para aquietar la mente.

Apertura y constricción: lo que me impide de auténtico

El movimiento de apertura y constricción, de abrir y cerrar, está presente en todo lo que hacemos. Nos abrimos o cerramos según lo que nos diga la intuición y sabiduría. Cuando hay equilibrio entre ese abrir y cerrar es cuando vivimos en autenticidad.

La apertura y constricción opera en muchos niveles: pensamientos, emociones, actitudes.

Nos cerramos cuando tenemos opiniones muy firmes o incuestionables.
Nos abrimos cuando dejamos de lado los prejuicios y tenemos disposición de ver más allá.
Estamos siempre cerrados cuando vivimos con el miedo permanente a que nos pase algo.
Estamos siempre abiertos cuando no sabemos decir que no.

Lo importante es hacernos conscientes de que necesitamos compensar el estar abiertos con el estar cerrados, no se trata de evitar la constricción y favorecer la apertura, se trata de llegar a un punto medio. Es fundamental que tengamos algunas cosas claras, no negociables, pero también, en otras, debemos abrirnos y estar en mejor disposición para tomar lo que estamos recibiendo.

¡No somos nuestros pensamientos!

Uno de nuestros “enemigos” es el pensamiento. A través de este intentamos crear, arreglar, solucionar, pero se nos olvida VIVIR y terminamos siendo lo que pensamos. ¡Nada más alejado de la autenticidad!

Cuando tenemos una actitud auténtica, la primera que intenta trabarnos es la mente,generalmente en forma de culpa. Y es que hemos construido tantas realidades a partir de los pensamientos que nos terminan ahogando. Les hemos otorgado el poder de decidir por nosotros y determinar todo lo que hacemos.

Para ganarle a esas ideas que poco tienen que ver con lo que somos, te recomiendo:

  1. Identificar dónde están nuestros pensamientos, estar atentos a lo que nos decimos a nosotros o escuchamos cuando no nos sentimos cómodos.
  2. Dejar de sobreanalizar y especular.
  3. No gastar energía insistiendo en juicios.

Observar nuestros pensamientos y ser conscientes de ellos nos da discernimiento, el uso de la mayor libertad que podemos tener. Ese “darnos cuenta” nos va a permitir elegir qué dejo pasar y qué debo atender. Una vez reconozcamos lo que pensamos, cuándo y cómo se siente en el cuerpo, le quitaremos fuerza.

Para ayudarte a tener mayor claridad…

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