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Vivimos en un tiempo donde el liderazgo se ha contaminado de soberbia, incluso, llegamos a pensar que se es líder porque lo sabemos todo y como no es nuestro caso, entonces no podemos desarrollar habilidades para dirigir. Pero la fortaleza de nuestro liderazgo no pasa por saberlo todo. Eso es lo que descubriremos este mes en la Comunidad, un espacio exclusivo para crecer y aprender juntos.

Los momentos en los que somos líderes son ilimitados, casi cualquier circunstancia puede llevarnos a esa posición, cuando somos mamás, papás, hermanos, parejas o guiamos a otros en el trabajo, siempre tendremos a alguien mirando lo que hacemos para inspirarse a partir de ello.

Y es que ser líder no quiere decir que hay que caminar solos hacia un determinado lugar, sino comenzar a caminar para que los demás puedan recibir nuestra guía e inspiración. En el liderazgo debe haber disfrute, no manipulación ni control sobre el otro. Debemos dejar un espacio para escuchar a los demás, para acompañarlos y dejarnos acompañar. De esa manera, sabremos identificar qué sienten, qué necesitan, y en función de eso, podremos guiar mejor los próximos pasos a seguir.

Para empezar a despertar esa conciencia sobre el liderazgo es necesario que nos preguntemos:

  1. ¿Quiénes nos miran? Siempre encontraremos a alguien que se sienta motivado por lo que hacemos desde el lugar en el que nos ha puesto la vida. Entender que no estamos solos y que podemos animar a otros a tomar acción desde nuestra autenticidad es fundamental.
  2. ¿A quiénes miramos? Revisemos quién nos lidera evitando caer en respuestas rápidas que se llenan de mística. Busquemos salidas concretas que nos ayuden a alinearnos con el propósito del alma.

¿Qué quiere decir ser un visionario?

Cuando hablamos de tener visión, debemos separarnos de dos tipos de visiones; la que se relaciona con un sentido más místico y anticipa lo que va a ocurrir, y la otra; que se basa en los hechos ocurridos. Quedarnos demasiado pendientes de evitar o replicar el pasado nos limita en lo que visualizamos.

La labor del visionario es descubrir y sostener aquello que los demás no pueden ver, o si lo ven, todavía no lo creen. El solo hecho de tener la certeza, de creerlo y verlo posible, comienza a generar que otros comiencen a comprometerse.

Se podría decir, entonces, que la tarea de un líder es tener la visión clara, estar tan seguro de esa visualización que la sienta propia y tenga la intención de ir por ella. Cuando esto sucede, comenzamos a mover la energía capaz de inspirar a los demás.

La vulnerabilidad es necesaria en cualquier proceso de la vida

Si algo es necesario para desarrollar nuestro liderazgo es la vulnerabilidad, pues esta es el reconocimiento de que tenemos miedos, tanto como coraje o valentía. Saber vivirlos nos permite conectar con nosotros, y por ende, conectar con los demás.

La vulnerabilidad no nos quita fuerzas, no significa debilidad.

  • Nos lleva a un espacio de apertura, necesario para relacionarme con los demás, para sentirlos y entender lo que están viviendo.
  • Cuando aceptamos que somos vulnerables, aceptamos lo que estamos sintiendo, cuándo lo estamos viviendo, y lo comunicamos. Esto nos hace colocarnos en un lugar de fortaleza mucho mayor.
  • Cuando nos mostramos vulnerables y contamos lo que sentimos, el otro puede verme desde un lugar de acompañamiento.

Primero confío en mí, luego en los demás

No podemos creer en los otros si no lo hemos hecho con nosotros. Y lo que nos aleja de tenernos confianza es el mirar nuestros errores más que nuestros logros, o bien, el no conocernos lo suficiente, no darnos valor.

Cuando sabemos quiénes somos, quiénes no somos y tenemos esa certeza, es más fácil acompañar a otros, pues, de esa manera, le quitamos fuerza a las dudas e inseguridades que los demás puedan tener en torno a nosotros. Si dependemos de opiniones externas, negociamos nuestro liderazgo y perdemos poder.

Por eso, es necesario que revisemos qué tanto creemos en nosotros, buscar las razones que nos llevan a confiar en quienes somos y reconocer nuestra autenticidad para poner en evidencia si de verdad nos conocemos.

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Escuchar al otro no significa obedecerlos o coincidir con lo que dice >>
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