¿Cómo hago para perdonar?
P: Mi inquietud es acerca del perdón y el dolor. Muchas veces he creído perdonar a mi pareja, mi familia, mis amigos y luego se producen nuevas circunstancias que me muestran que, en realidad, no he perdonado. Me duele y me siento terrible. Trato de cambiar ese sentimiento, pero no lo he logrado aún. No me quiero mentir a mí misma diciéndome que perdoné, que olvidé, y no sentirlo realmente. Sé que un consejo tuyo me ayudaría muchísimo…
R: Generalmente queremos perdonar porque ya no aguantamos más el dolor que nos produce nuestro propio juicio hacia la otra persona. A menudo perdonar no tiene mucho que ver con lo que ha sucedido, con lo que nos han hecho, sino con dejar de sostener esas expectativas que teníamos acerca de lo que debió pasar o de cómo debe ser el otro. No trates de cambiar el sentimiento. El sentimiento va a cambiar solo, naturalmente, cuando comiences a perdonar. Lo que sientes es el efecto, no es la causa.
Si quienes no perdonan fuesen conscientes de todo el movimiento tóxico que ocurre en su cuerpo, en su energía, cuando no perdonamos, perdonarían por conveniencia. Pero no somos tan conscientes.
Lo fundamental es la honestidad de reconocer que somos los primeros actores de ese entorno tóxico, porque insistimos en juzgar cómo deberían haber sido las cosas. Se trata, ante todo, de reconocer con humildad que no tenemos el poder de decidir lo que las otras personas deben hacer y cuándo lo deben hacer. No sufrimos por lo que nos hacen, sino por la manera en que reaccionamos o nos relacionamos con eso. Si me insultan y yo logro sentir compasión por esa persona que insulta, voy a sentir mucha paz y un corazón amplio. Pero puedo también comprimir mi corazón para sacar el enojo. Yo elijo qué tipo de experiencia quiero vivir.
Cuando entiendas que lo ocurrido tiene que ver más contigo que con las acciones de otros, allí vas a comenzar a deshacerte de la emoción, de tus sentimientos contrariados, que en realidad te están diciendo que vas por mal camino. Una tentación es anestesiarte, que es una de las vías más usadas, con algo que disimule el dolor o te haga creer que “aquí no pasó nada, doy vueltas la página y así no siento este dolor” o, la más usada, poner como razón de tu sufrimiento una situación u otra persona. Es una locura, pero es generalmente lo que hacemos.
En definitiva: detente y revisa tu deseo de seguir enjuiciando a esas personas desde un punto de vista tan pequeño como el personal. Seguro tienes tus razones, pero también los otros tendrán las suyas para haber hecho lo que tu piensas que fue negativo. Y no te digo que estés de acuerdo con ellos, sino que dejes de tratar de imponer tu razón sobre la de ellos. Porque esa es la razón del dolor. Te estás obligando a sostener unos juicios que a la primera a quien le pesan es a ti. Y es posible que, si haces una lista de todo lo que esas personas que te molestan tienen en común, encuentres un pensamiento que se repite, que parece estar relacionado con lo que ellos hacen o aparentan ser, pero que de seguro son el retrato de alguno de tus miedos mas grandes. Descubrirlo será liberador.