Pregunta: El tema que quiero compartir hoy está relacionado con la confianza. Tengo un hijo de 19 años, es un ser muy particular, adorable muchas veces, pero con problemas de comportamiento.

Bevione: Los hijos desafían los miedos de los padres. Entonces, lo que sentimos no está ligado con lo que el hijo está haciendo sino con nuestros propios miedos. Y lo vuelvo a decir para todos los padres o para todos aquellos que tengan responsabilidad sobre la vida de otra persona: lo que nos preocupa no es lo que el otro hace, si hay preocupación tiene que ver con nuestros miedos. La base de la preocupación está en los miedos que nosotros tenemos, que se activan cuando el otro hace lo que está haciendo. Si no tuviéramos esos miedos, no nos impactaría de esa manera.

P:Con respecto a este hijo, los últimos dos años mostró el peor de sus rostros. Tuvo una relación de pareja tormentosa que lo llevó a cometer errores, ataques de ira, perdió el año en la universidad y mentía de manera frecuente. Perdí la confianza en él, porque descubrí muchas de sus mentiras. Hace algunos años mi esposo falleció. Y luego de ese evento, mi hijo ha dado un cambio importante, positivamente. Estoy muy feliz de sus cambios, pero me cuesta mucho creerle. Él me dice que va a salir adelante y que se siente bien. Pero me embarga la duda. No sé si aparenta estar bien para no preocuparme o si realmente ha comenzado a cambiar. Cómo volver a confiar. Cómo saber que todo está bien.

B: Ante todo, nunca “todo” va a estar bien. Y esto es algo que tenemos que asumir, sino nos ganará la ansiedad. Porque que algo esté bien o no, no depende de lo que suceda, sino de que lo que está ocurriendo coincida con lo que nosotros esperamos. A eso le llamamos estar bien. Y rara vez, hasta ahora no tengo ningún caso para contarles, ocurre que todo lo que hace esa persona o todo lo que estoy viendo coincide con lo que yo quería ver. Y si esperamos que las cosas estén bien para sentirnos bien, pues nunca estaremos bien. No porque esté bien o mal sino porque, insisto, el que esté bien depende de nuestra percepción.
Entonces si esperas volver a confiar en tu hijo cuando todo esté bien, lamentablemente, le vas a negar a tu hijo lo único que realmente él espera de ti, que es confianza. Si algo espera un hijo de su papá es confianza. Si algo veo, en nuestros tiempos, es que los hijos no sienten de sus padres confianza. Entonces, ése es el trabajo.
Por qué él recurrió a decir esto que llamamos mentiras, y quizás tienes toda la razón de llamarlo así porque si dijo algo que no era verdad, bueno, eso se llama mentira. Pero ¿por qué alguien usaría una mentira? Cuando alguien miente, en realidad esa persona está usando esa mentira como un recurso para salvarse de algo.
Y te lo digo para que lo mires en contexto porque lo que estás diciendo es “mi hijo es malo, espero que sea bueno en algún momento, porque parece que es bueno pero no tan bueno porque no coincide con lo que yo espero de él”. Y esto, en este contexto, te aleja de él y de lo que el necesita y tu quieres darle, que es confianza. Confiar de verdad. Confiar significa creer en el otro, descubrir la verdad en el otro, saber quién es y no distraernos por sus errores. Cuando yo creo en alguien, a veces puede que no me convenza lo que está haciendo, pero como yo sé quién en esa persona, confío. Ésta es la visión del padre al hijo pródigo, la historia bíblica.
Cuando se usa esta parábola en la Biblia se refiere a eso. El hijo pródigo era aquel hijo que se va de la casa del padre a hacer su vida. Y el padre dice: “Bueno, que se vaya. Yo sé quién es. Y como sé quien es, aunque se equivoque, y tenga que aprender, uedo confiar. La confianza está basada en quien es.
Si alguna labor tiene un padre con su hijo, además de ayudarlo, a alimentarse y a vivir los primeros años de su vida y enseñarle a caminar y a hacer su camino, es darle el amor en el formato más cercano que alguien que está comenzando la vida necesita: Y ése formato se llama confianza. Dársela, no negociarla. Confiar porque lo amas y es tu tarea como madre.
Si imaginamos esta analogía en una planta, digamos que tu sería el sol, la confianza sería la luz y tu hijo la semilla, la planta. Puede tener de todo, puede tener el agua, puede tener la tierra, pero si no hay luz esa planta no crece. La luz, la luz que hace que un hijo crezca, es la confianza del padre.
Entonces, si me estás diciendo que vas a poner a tu hijo en ‘juicio’ porque vas a esperar a que él te demuestre que merece tu confianza, te estás olvidando de lo más importante aquí, que es tu labor de mamá. Y si hay algo que, en este momento, puede atormentarte no es lo que tu hijo está haciendo o no. Es porque tú en el fondo sientes que estás fallando como mamá, y no porque te hayas equivocado, sino porque intuyes que no estás aportando el amor que él está esperando de ti en este momento. Confía, sólo porque es tu hijo. No confíes porque él te da pruebas. Confía porque es tu hijo.
Esto no significa confiar a ciegas. Por ejemplo, si yo tengo un hijo que me saca dinero, no le voy a dar dinero. Pero tampoco le voy a retirar la confianza. Porque una cosa es que el hijo te saque el dinero y otra es recordar que, a pesar de que tu hijo está haciendo está haciendo, eso es tu hijo y tú confías en él. Confías en que realmente él puede hacer algo diferente en algún momento, si él lo decide. Ésa es la confianza. La confianza no está basada en lo que él hace, sino en quien es. Y las madres, más que nadie, saben quiénes son en esencia sus hijos.
Si haces esta modificación, lo primero que va a ocurrir es que tú vas a estar en paz. A veces los padres se cargan un poco, sobre todo en este caso, ante la ausencia del papá. Tienes la responsabilidad de mamá. Nada más. La responsabilidad del papá, Dios la cubrirá del alguna manera, si es que necesita ser cubierta en este caso con tu hijo.