Para la mayoría de las relaciones, encontrar el equilibrio es uno de sus grandes desafíos. Poder descubrir un paso en el que, sin pisarse, puedan bailar la danza al ritmo que la vida les proponga.
 
Cuando veo a las parejas en búsqueda de esta armonía, me doy cuenta que muchas de ellas buscan el equilibrio tratando de parecerse el uno al otro. La falta de importancia que le hemos dado al mundo interno hace que busquemos equilibrar solamente las personalidades, quizás porque pensamos que estar en equilibrio y armonía consiste en no tener conflictos, y que éstos nacen de las diferencias, porque “las diferencias nos separan”. Pero si hay algo que nutre realmente las relaciones son las diferencias, aunque pueden ser su propio veneno si no estamos dispuestos a hacer nuestro propio trabajo interno. Porque aún cuando insistamos en hacer cambios superficiales, solo serán maquillajes que no tardarán en gastarse.
 
En una relación, el verdadero equilibrio lo ofrezco, no lo pido. Es decir, que para que una relación consiga su equilibrio depende, desde mi parte, del equilibrio y la armonía que pueda ofrecer. Esto será una invitación a que el otro haga su parte, pero aún cuando tienda a caerse, como yo estoy equilibrio, salvaré la relación y podremos corregir y seguir caminando. Y si el peso de la relación cae sobre mí y el otro está constantemente en el opuesto, podré, en equilibrio y consonancia, dar un paso al costado. Porque nada resta si se hace en equilibrio y armonía. Si algo se va, cuando estamos en paz, podemos ver el aprendizaje y eso siempre sumará.