Ahí donde intuimos una señal, es el alma que nos habla. Y no lo digo yo, sino desde la mística hasta la física cuántica.
Desde el punto de vista religioso y también desde lo místico, sabemos mucho del alma, o tanto como hayamos podido leer y aprender. Pero pocas veces nos hemos planteado la idea de tenerla en cuenta en los actos cotidianos, en nuestras decisiones o al momento de establecer las prioridades de esta vida física, la que cada día comienza al despertarnos.
Históricamente, hemos centrado la atención de la ciencia, de la investigación, de los estudios y de las grandes decisiones que hemos tomado tanto de manera individual como en grupos, a nuestras necesidades desde el punto de vista físico, incluyendo tanto lo material como lo emocional. nos habíamos centrado en el cuerpo y en la personalidad. En ser cada vez mejores, buenos, pero no necesariamente en vivir en paz.
En paz con nosotros y con los demás. En la verdadera práctica del amor, basada en la compasión y el respeto de todas las diferencias que nuestra personalidad siempre encuentra. Quizás porque como solamente hemos considerado real e importante aquello que nuestros cinco sentidos pueden verificar, fuimos dejando de lado la poderosa mirada que la visión del alma podía abrir para nosotros.
Desde la psicología tradicional, se han dado grandes pasos en el estudio del ser humano, de sus pensamientos, de su mundo de afectos y las relaciones, pero su marco de referencia sigue siendo el mundo de los cinco sentidos.
Quizás porque la ciencia no ha podido llegar a una conclusión más definida sobre el alma es que sigue estando fuera de su estudio cuando trabaja en función del ser humano.
Aunque ya se asoman los primeros cambios a esta forma tradicional de estudiarlo, nuevas ciencias, como las relacionadas al estudio del espacio cuántico, comienzan a dar respuestas verificables a asuntos que antes solo ocupaban espacio en libros de metafísica, chamanismo o espiritualidad.
Quienes hasta ahora habían estudiado los asuntos del alma, lo hicieron de una manera tan mística que no fue tarea sencilla relacionarlo con una experiencia aplicable a nuestro vivir diario.
Muchos tenemos la certeza de la existencia del alma, pero reconocer que existe no nos modifica. Solo expande nuestro conocimiento, pero no nos permite recibir los regalos que su presencia nos trae.
Todos tenemos acceso a la información que nos permite saber hacia dónde ir, qué metas o destino elegir, potenciando las posibilidades de concretarlo. Y también de cómo podemos transitarlo de manera armoniosa.
Ese mecanismo interno está instalado en nosotros desde nuestro primer aliento y hacernos conscientes de él nos permitirá facilitar tanto nuestro día a día como la realización de nuestros sueños.
De hecho, los sueños son nuestros puntos de partida.
Tomado de: Activa tu GPS