¿Cuántas veces dejamos pasar por alto las cosas más simples que sostienen a una relación? Escuchar al otro, suele ser una de ellas. Y tal vez es la más crucial de todas.

Escuchar a los otros con atención es una actitud amorosa que hemos ido perdiendo por el mal uso del tiempo.

“No tengo tanto tiempo, hablemos rápido” o “me lo cuentas después”, representan actitudes que no permiten que seamos receptivos a lo que el otro realmente necesita.

Es importante que pongamos atención a las personas que necesitan un oído para ser escuchadas y un corazón para ser comprendidas. No necesitamos estar de acuerdo, ni tampoco tener una opinión sobre lo que escuchamos.

Escuchar, estando lo más presente posible, permite que lo que le atormente a la otra persona, comience a despejarse.

Escuchar no sólo es prestar atención, sino mantenernos con una actitud compasiva, libre de ataque o juicios, hacia quien tenemos enfrente.
Una de las razones por la que los conflictos prevalecen en las relaciones, ya de pareja, de padres e hijos, de empleados con jefes o de compañeros de trabajo, es que no dedican suficiente tiempo, energía y atención a escucharse.
Y como recibimos lo que ofrecemos, seguramente en esa persona tendremos un oído y un corazón abierto para cuando nosotros nos sintamos perdidos.

Así de simple, recordemos escuchar, sin decir nada. Escuchar con el corazón abierto, solo escuchar.
Sin duda, nuestras relaciones empezarán a cambiar a partir de una acción que, por simple, dejamos de lado.

Hagamos tiempo para escucharnos y el camino para mejores relaciones se abrirá ante nosotros.

Tomado de: Relaciones, vivir en armonía