Es normal que a todos nos acompañe la herida del rechazo, incluso, desde temprana edad. Lo que no es normal es que sigamos eligiendo vibrar desde esa herida y permitiendo que los juicios asociados decidan por nosotros. ¿Pero cómo reconocer que efectivamente tenemos esta herida? Se refleja cuando nos sentimos invalidados al hacer algo que anhelamos, no nos animamos a realizar lo que sentimos hacer, así que vamos dejando de disfrutar nuestra vida.

Siempre va a haber gente que nos va a querer invalidar, frenar, pero que nosotros cedamos ante eso demuestra que la herida aún está abierta.

Por eso, vamos a dedicarnos esta semana a prestarnos atención cada vez que no nos sintamos tan valiosos, revisemos lo que hemos estado rechazando de los demás; es probable que eso que el otro no valora en nosotros, sea porque tampoco lo estemos valorando nosotros mismos.