Este audio es estratégico dentro del camino, porque hablamos de algo terrenal que nace de lo espiritual. Hablamos de materia, de prosperidad y de abundancia. Y cerramos con varios ejercicios que nos ayudarán a seguir despejando el camino.
¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO DECIMOS ABUNDANCIA?
Cuando hablamos sobre la abundancia no nos estamos refiriendo sólo a la prosperidad económica. Por ejemplo, la prosperidad es el hecho de tener dinero o una casa bonita. Sin embargo, la abundancia es la plenitud que experimento cuando puedo gozar de lo que tengo. De hecho, es una experiencia que no está determinada por tener lo que deseo, sino más bien cuando dejo de desear, ya que me siento completo con lo que tengo; cuando puedo disfrutar de lo que soy y de lo que he creado. Y, curiosamente, cuando deseo menos y más feliz estoy con lo que tengo, atraigo más. ¿La razón? ¡Porque he liberado mis miedos!
Voy a ponerte otro ejemplo. Es posible que, si ya tengo ahorros para los próximos diez años, no me sienta conectado con mi espíritu, sino más bien con mi ego que es el único que le teme al futuro y cree en la carencia. Como puedes observar, la abundancia tampoco es tener una cuenta de ahorros holgada. Mi ego lo analiza y dice: «Tengo que invertirlo. Tal y como están las cosas esto no va a durar». Allí no hay abundancia, sólo hay dinero y un ego temeroso de perderlo.
Te voy a mostrar varias de las creencias que tenemos arraigadas de nuestros antepasados y que impactan en nuestra cultura: «esto se acabará», «no será suficiente», «después de conseguirlo, no se repetirá», entre muchas otras que puedes descubrir con sólo hablar sobre tus finanzas en una reunión familiar o con los amigos. Y es allí cuando seguimos confirmando las creencias, fortalecemos el ego y le vamos cerrando la puerta al espíritu.
Te propongo otra situación. Imagina que haya otra persona que no tiene un millón de dólares en el banco, pero está sentada en una ciudad que le encanta, disfrutando de la tarde y de la compañía de sus amigos. ¡Allí se está manifestando la abundancia!
Ahora quisiera formularte la siguiente pregunta: Si supieras que Dios está a cargo de tu vida, ¿tendrías confianza? Y sucede que cuando respondemos que sí, es sólo una estrategia mental porque a la hora de programar mi vida lo hago con mi ego. Antes que Dios, mi confianza depende de lo que me digan mi familia, el jefe, en el banco, lo que dice el mercado, lo que dicen los periódicos, lo que dice mi historia familiar, lo que dice mi historia laboral… ¡lo que dice mi ego!
La abundancia es la experiencia interna de sentir que todo está bien. Aun cuando puede que no lo comprenda, pero sé que ¡todo está bien! Mi parte espiritual es la que se conecta con Dios. Cuando digo Dios estoy hablando de una energía superior, un ser que podremos llamarle Padre, Madre Divina, Universo, etc. La abundancia es la consecuencia externa de esta conexión interna. Cada vez que me conecto con esa otra parte de mí —con mi espíritu—, indiscutiblemente hay abundancia en mi vida. Ésa es una consecuencia natural.
Sin embargo, mi ego tiene registrados demasiados «no me lo merezco», «no sirvo» y «no puedo» como para entender lo que significa gozar de la totalidad, de lo supremo, de lo ilimitado. Tenemos dos opciones: o nos dejamos llevar por el ego o por el espíritu —y la abundancia se encuentra en la segunda opción—.
Por tanto, recuerda que la abundancia es la consecuencia de nuestra conexión espiritual y la carencia es la consecuencia de nuestra conexión con el ego.
Del libro “Abundancia, vivir sin miedos”