No veo a la espiritualidad como una filosofía, sino como una forma de vida donde hacemos el trabajo del amor cada vez que lo necesitamos y buscamos sostener nuestra paz interior y armonía con el entorno.

Por eso, cuando me pregunto si alguien vive desde su espíritu, no reviso si este afiliado a alguna religión, o a algún credo, sino que tipo de vida vive, como es la relación consigo mismo y con su entorno. Es en los valores diarios donde se evidencia el camino espiritual.

Me he encontrado con gente que dice no creer en Dios, pero a ellos también los vi abrazar al doliente, sentarse a escuchar a alguien que opinaba diferente sin una actitud defensiva y cuidar sus opiniones sobre otras personas. Y también me he cruzado con fieles religiosos que atacaban a quienes pensaban diferente y usaban su prédica para imponer su punto de vista.

Todos somos un poco de todo, pero el compromiso en fortalecer nuestro espiritu implica menguar nuestras zonas oscuras y trabajar para fortalecer nuestro brillo.

Por eso, personalmente, elijo caminar haciendo lo que mejor puedo, a cada momento, y acercarme al amor, a la paz y al respeto. Con aciertos y errores, pero sobre esa premisa. Porque la espiritualidad no ocurre en los libros, los sermones ni los estudios que hayamos realizado, sino en la capacidad de sostener la energía del amor allí donde estemos, en cada momento, en cada lugar, con cada persona.

Al final, cuando transitemos nuestros últimos días, quizás la única pregunta que nos hagamos sea
¿Cuánto hemos amado? Porque lo demás, todo quedará aquí en la tierra.

El Camino de los Talentos

Meditación para reconocer dones y talentos UCDM – Mis pensamiento son imágenes que yo mismo he fabricado