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Buscando el eje

Pregunta:

Soy una madre soltera y me considero una súper gerente; cumpliendo con mi trabajo, atendiendo a mis hijos, resolviendo problemas todos los días, no solo de mi propia familia sino de mis hermanos y mis padres. Cuando al fin logro encontrar un rato para mí, por ejemplo, para relajarme y meditar, no puedo desconectarme de las preocupaciones. Son como mil voces en mi mente, y de nada sirven las técnicas de respiración que he tratado de usar. ¿Qué estoy haciendo mal?
Natalia

Respuesta:

Querida Natalia,
La meditación no es una medicina o una poción mágica que vaya a resolver un problema por sí sola. Es una herramienta, un recurso que puede ayudarnos en un proceso que está bajo nuestra responsabilidad; un proceso en el que con mayor o menor consciencia trabajaremos la mayor parte del día, no solo cuando practicamos una técnica. No se trata de algo que podemos resolver en 5 minutos, como una tarea más en la larga lista de esas obligaciones que te agobian.
Tu vida cotidiana es como una rueda que no para de girar y tú estás en la parte externa de esa rueda, recibiendo los golpes, sintiendo directamente los baches y las piedras. Pero en el centro de esa rueda que gira sin parar está su eje: quieto, en paz. Hacia allí tienes que dirigir tu atención en cada momento, en cada situación y, sobre todo, al buscar una nueva manera de relacionarte con ese entorno que tanto te esfuerzas por atender. Tú sientes que estás constantemente atendiendo necesidades de otros, te sugiero tomar consciencia de lo que sientes al hacerlo. Quizás descubras que, en realidad, estás tratando de satisfacer algo tuyo. ¿Qué es? ¿Es realmente una necesidad o más bien una forma que asume el miedo o la culpa? Ese puede ser un buen primer paso para ir descubriendo una manera mas auténtica de ti, la de una mujer que pueda ser igualmente buena madre, hija o hermana sin sacrificarse ella misma.
Con esa intención en claro, incorpora la meditación, no como un proceso a aprender o una técnica que cumplir, sino como un estado a alcanzar.
Aquiétate, date un momento, aunque sean minutos, para ti, para hacer nada. El solo hecho de tener que meditar le esta poniendo a tu agenda una actividad más. Pero si buscas ese espacio de quietud interna, lograrás ese estado meditativo, donde observarás tu entorno, pero, por esos minutos, no te involucrarás en el. Lo observarás sin intervenir. Al principio será desafiante, porque aparecerá la culpa no de hacer nada, de abandono, de descuido…pero quédate allí. Esa misma culpa es la que no deja detenerte. Solo que ahora la observarás para darte cuenta de que esas historias que narran que tu familia no puede estar sin ti, terminará siendo solo eso, una historia.
Puedes ayudarte con la respiración. No la exijas, no la empujes. Solo suavízala como si cada inhalación y exhalación fueran caricias que te haces.
Contestando a tu pregunta, no estas haciendo nada mal. Estas haciendo demasiado por los demás y no estas haciendo suficiente por ti.
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