Cuando aceptamos, dejamos de lado las estrategias del ego como la crítica, el enojo o la frustración.
Encontrar la paz en este momento, ahora, con lo que nos está pasando, es la meta diaria de muchos de nosotros.
Es por eso que para recuperarla, debemos poner toda nuestra atención y la voluntad en aceptar lo que nos pasa.
La aceptación tiene la condición de permitir que aquello que aceptamos, se mueva, se vaya o cambie.
El ego nos convence de que hay otras estrategias de mayor beneficio que la aceptación, porque sostiene que aquello que aceptaremos, se instalará para siempre. Y, en realidad, es todo lo contrario.
Aceptar es tener una actitud amorosa. Y el amor clarifica, sana, abre, nos fortalece.
Este es un paso de la mente al corazón, renunciando a tener razón y aceptando lo que somos, lo que nos pasa, los que comparten la vida con nosotros. Al hacerlo, todo volverá a ocupar su lugar y crearemos las condiciones para experimentar paz, aunque estemos en medio de un conflicto.
Aceptar es dejar de resistirnos, con la crítica, el enojo o la frustración. Aceptar lo que nos pasa, analizando menos, resistiéndonos menos y dejando ir más.
El amor es movimiento y el miedo es paralización. Donde aceptamos, con generosidad lo que nos pasa, también pasa el amor que pronto, nos pone en movimiento.
Tomado de: Aceptación, vivir en paz