El camino más corto para aliviar una emoción es poder expresarla. Cuando estamos enojados con otra persona, si no podemos comentarlo con alguien, no sólo quedaremos presos de esa emoción, sino que seguirá creciendo como un globo hasta explotar. Si hubiéramos atendido a esa emoción desde el primer momento, nos hubiéramos ahorrado lo que sentimos y de seguro lo que también hicimos impulsados por la rabia.

En todas las relaciones humanas, desde los encuentros casuales hasta con los amigos y la familia o el entorno laboral, lo exitosos que logremos ser al comunicarnos con los otros determinará la calidad de la relación. Y en la comunicación hay un factor determinante, en el que muchas veces nos bloqueamos: expresar lo que sentimos.

Las emociones tienen la tendencia natural a expresarse, a salir de nosotros, a mostrarse. Lo que no siempre ocurre es expresar tus emociones en el mejor momento. Por eso somos nosotros quienes podemos determinar cómo y cuándo.

Si quieres liberarte de lo que sientes comunicándolo, ten en cuenta:

Identificar lo que sientes. El malestar tiene muchas caras; dale un nombre. Escribiendo sobre lo que sientes te será fácil poder identificarlo. Puede que estés experimentando culpa, vergüenza o rabia, que estés asustado o desmotivado. Si no puedes definir lo que sientes, escribe sobre ello, descríbelo y llegarás a darle un nombre.

Relaciona lo que sientes con una persona o una situación. Identifica a las personas relacionadas con esa emoción, en esa situación, en el momento en que ocurrió. ¿Estás enojado con lo que pasó y con alguna persona? ¿Estás enojado contigo?

Comunica lo que sientes. Hay una fórmula que puedes seguir para asegurarte de que estás liberando la emoción, pero sin culpar a nadie. Comunicar lo que sientes más lo que pasó. Por ejemplo: “Siento mucha rabia con lo que hiciste”.

Comunicarlo de esta manera te hace responsable del dolor y no culpas a la otra persona por haberte herido. Simplemente te abres a ella para hacerle saber el impacto que tuvo en ti lo que hizo, sin culparla.

Si relacionas la emoción con una experiencia y no necesariamente con una persona, háblalo con un amigo o con alguien con quien sientas confianza. Háblale de lo que sientes y de lo que sucedió. Al comunicarlo, la emoción perderá poder y te asegurarás de volver a tener paz.

Y cuando sientas que no puedes hablarlo, entonces recurre a tu ayuda natural: la respiración. Respira profundamente cada vez que llegue el miedo. Respirando conscientemente lograrás remover el bloqueo hasta que puedas expresarte. ¡Respira!

Tomado de: Silencio, vivir en el espíritu