Si hay una decisión que he tomado y estoy enfocado en sostener, es la de no negociar con el sufrimiento. Realmente, no hay razones valiosas para alimentar los miedos, el estrés o cualquier tipo de drama. Pero a veces actuamos como si las hubiera.

Nos repetimos que no podremos lograr lo que queremos, que no somos suficientes ni merecedores, que siempre algo está mal; pero no estamos tan conscientes de la magnitud de ese maltrato silencioso que nos hacemos, ni del impacto que esto tiene en el mundo. Estoy convencido de que así como nos tratamos, así tratamos al mundo. Por eso es tan significativo tener un cambio de actitud hacia nosotros mismos.

La mayor causa del sufrimiento no proviene de nuestro entorno, sino de nuestras ideas.

Tenemos la libertad de ser compasivos o beligerantes ante cualquier situación. Una opción nos lleva a la paz, la otra al sufrimiento. Y esa responsabilidad está en cada uno de nosotros.

Minuto a minuto vamos construyendo nuestro bienestar, o su opuesto. Con cada imagen que creamos en nuestra mente, con cada opinión que tenemos, en cada palabra que sale de nosotros y en la actitud que tomamos ante cada situación.

¿Me enredo o decido soltar el drama cuando éste se me presenta? Es decir, sigo participando de una conversación cuando se llena de juicios y manipulación o decido dar un paso atrás. Cada instante, estamos eligiendo qué energía queremos sostener en ese momento, creando un patrón de vida.

En este proceso, tenemos el dolor a nuestro favor. Éste siempre nos avisa cuando estamos entrando al sufrimiento. Si por descuido estamos entrando a su zona oscura, el dolor nos avisa antes de llegar. Si respetamos lo que el dolor nos dice, nos será más fácil reconocer hasta dónde queremos participar en una situación.

Incluso cuando el cuerpo duele, cuando ese dolor no es sólo emocional sino físico, en la cabeza, el estómago o la espalda, me llamo a silencio y suelto cualquier pensamiento que tenga en ese momento. Querer tener la razón nos lleva al sufrimiento por autopista y en piloto automático. Pero antes de entrar, siempre aparece el dolor para alertarnos.

Quizás no lo consigamos inmediatamente. Lo más probable es que no. Pero, al menos, comencemos tomando la decisión de no sostener el sufrimiento. Y estar alerta al dolor. Más que un enemigo, es uno de los mejores guardianes de este viaje por la vida física.

TOMADO DE: La vida en 5 minutos

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