[vc_row][vc_column][vc_column_text]Pregunta:

Comparto la siguiente experiencia… Me he tenido que someter a una cirugía abdominal que había postergado durante muchos años.  Cerré mis ojos y me pregunté: ¿Debo operarme? ¿Es esto bueno para mí? Me lo pregunté muchas veces y siempre sentí una sensación de paz. Después de fijar la fecha de operación, seguí haciéndome las mismas preguntas, con el mismo resultado. Fue un largo proceso, pero finalmente tomé la decisión correcta.

Respuesta:

Lo que cuentas revela lo difícil que se nos hace confiar en nuestras certezas.  Si me siento en paz, la respuesta es sí… y listo. Pero lo que suele ocurrir es, por ejemplo, similar al caso de quien se compromete con alguien en el amor y constantemente está preguntando “¿Pero tú me quieres?” Cuando digo certezas no me refiero a lo que tu mente dice, sino a la verdad que viene del corazón, donde no hay mentiras. Si te sientes en paz, si está todo dado para que ocurra de la mejor manera posible, no tiene sentido seguir interpelando una y otra vez a esa certeza. Hay que ordenarle a la mente que se quede quieta, y si no lo hace pues tenemos que refugiarnos en nuestra paz mientras ella sigue saltando, pero alguien tiene que parar.

Cuando se nos revela una verdad tan poderosa que podemos considerarla una certeza, con todo lo que esa palabra significa, debemos apreciar su enorme valor. Nunca dejarla pasar o someterla a los ataques constantes de nuestro ego, que siempre aparecerá armado de miedo y desconfianza.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]