Si tuviera que resumir todas las enseñanzas que de una u otra manera nos invitan a vivir más conscientes de nuestra espiritualidad, la resumiría en la siguiente frase: “Sigue hacia donde la alegría te lleve”.
 
Sí, la alegría es una de las características del amor más fáciles de identificar para los seres humanos. Cuando siento alegría en lo que hago, eso que hago me hace bien. Y lo que hago con alegría para otros, les hace bien a ellos y me hace bien a mí. Cuando la alegría es la que define mis si y mis no con el mundo, tengo garantizada la paz interior y equilibrio en mi vida.
 
A veces, amar se nos hace cuesta arriba, quizás por la sobrevaloración humana que le hemos puesto al amor y las historias de sacrificio que hemos escrito, y creído, en torno a él.
 
Pero podemos entrar al mismo lugar por una puerta que se siente más fácil: la de la alegría.
 
No la negociemos. Está en juego nuestra divinidad. Y… ¿quién quiere perderse esa experiencia de vivir con nuestro máximo potencial divino?