A menudo, cuando quiero algo o que suceda alguna idea, me pregunto ¿Qué quiero experimentar con esto? Y busco crear la experiencia en mí, antes de mover energía para crearlo.

Le pregunté a una amiga: ¿Para qué deseas tomarte el fin de semana en la playa? Me responde que para estar más tranquila. Le propuse que ese mismo día, en su casa, se sentara en quietud y visitara la playa con su imaginación. Seguramente iba a encontrar la sensación que estaba postergando hasta llegar a ese lugar soñado. Luego, la seguí interrogando. ¿Para qué necesitas estar tranquila? “Para tomar una decisión importante”, me reveló. Le sugerí que luego de dedicar un tiempo a observarse en ese lugar hasta sentirlo, desde esa quietud, reflexionara sobre esa decisión. Y, finalmente, pudo en dos días tomar acción y dejar de postergar algo importante por un viaje que le generaba más ansiedad sobre su ya existente cansancio y preocupación.

Muchas veces escucho que queremos no solo viajar, sino concretar muchos planes para vivir una experiencia que tiene que ver con nuestro mundo interno, no con la situación en sí. Desde sentirnos más valiosos, más importante, más de algo que creemos no tener y que si no lo vivimos, no lo sentimos, y sin sentirlo no lo creemos.

Aclaro que no estoy diciendo que nos quedemos inactivos y dejemos de disfrutar de las experiencias del mundo. Mi invitación es invertir nuestra energía en lo que realmente es importante y descartar aquellas que solo buscan reforzar algo que con dos preguntas sencillas podríamos resolver.