En el transcurso de nuestra vida, hemos elegido relacionarnos, esa elección ha dependido de nuestra capacidad de escoger entre quienes se parecen más a nosotros o quienes nos complementan.

Amigos, parejas, trabajos, todo ha sido resultado de un proceso de selección, muchas veces inconsciente. ¿Pero qué ocurre cuando una relación forma parte de nosotros sin haberla elegido? Puede que esa sea la relación más compleja de nuestras vidas, porque es la que nos une desde nuestro inicio como seres humanos. Esta es la relación con nuestros padres. No recordamos haber elegido ser sus hijos, pero lo somos. La relación con nuestros padres es, sin duda, nuestro primer amor terrenal, y eso implica positividad y negatividad, cariño, daños, enojos y alegrías. Desde que somos niños hasta que empezamos a crecer el miedo se empieza a instaurar en forma de expectativas y el deseo de querer complacer a nuestros padres puede llegar a crecer tanto, que se transforma en una carga invisible que llevamos de por vida.

¿Cómo podemos reconocer si aún ese miedo controla nuestra vida? Podríamos preguntarnos ¿Soy lo que deseé o soy lo que mis padres querían que fuese? ¿Cómo me siento ante la aprobación de mis padres? La aprobación es una de las maneras más claras en la que evidenciamos la importancia que su mirada tiene sobre nuestra vida. Pero cuando esa búsqueda de aprobación no va madurando en nuestro propio crecimiento individual, se transforma en una necesidad que nos pone lejos del amor y sentados arriba mismo del miedo.

El camino para romper el cordón umbilical es más largo de lo que creemos, pero el perdón es un buen aliado que nos ayuda a recorrerlo. Perdonar a nuestros padres por creer que les pertenecemos, perdonarnos a nosotros mismos por no encajar dentro de las expectativas que ellos tenían sobre nosotros, perdonarlos por querer vivir nuestra vida por nosotros, y perdonarnos por no entender que muchas veces ellos simplemente no querían que cometiésemos sus mismos errores. Pero sobre todo, entender que si hay maestros que llegaron a enseñarnos las lecciones del amor, son quienes tuvieron el sueño de traer al mundo una nueva vida. Y esa vida, está ahora en nuestras manos.