Hay gente que se va de nuestra vida. No siempre los que nosotros esperamos que se vayan y no siempre de la manera que nos gustaría. Esta parece ser una razón de dolor gigante. Tan grande, que hay industrias que viven de ese sentimiento. Libros, películas, novelas y miles de conversaciones en los medios sostiene ese dolor andando.

Pero, en realidad, nadie nos abandona. Siempre habrá gente que se retirará de nuestra vida, pero la historia que nos contamos del abandono y el dolor que esto trae tiene su raíz en nosotros, no es quien se va.

No hemos aprendido a estar con nosotros. Esquivamos esos momentos tan especiales de intimidad con nosotros mismos, en silencio, para llenarlos de agendas y ruidos que alguien nos ayudara a hacer. A menudo el encuentro personas que hace tanto tiempo que no están con ellos mismas…! que realmente no saben que hacer con sus vidas porque nunca esperaron su propia respuesta y se quedaron con la su familia, la de sus compañeros de vida o de alguien mas. Pero sin saber la propia.

Y ese abandono, en algún momento, nos cobra factura. Se pone en evidencia cuando aquel que trajimos para que pensara y decidiera por nosotros, se va. Y al irse, deja un espacio que debemos ocupar. Y que cuando lo vemos vacío, nos duele. Nos duele saber y sentir que nos hemos abandonado.

Por eso, no busquemos mas culpables afuera de nuestro propio abandono y comencemos hoy, en este momento, a dedicarnos un espacio para estar con nosotros mismos. A escucharnos y obedecernos. A mirarnos mas adentro sin perdernos tanto afuera. A escuchar la guía interna sin depender tanto de las opiniones externas.

Porque si estamos con nosotros, no habrá espacios vacíos. Ya nadie podrá invadirnos ni necesitaremos ocupar el espacio de nadie para sentirnos bien.