Jorge Bergero, de 51 años luce imponente junto a su chelo, y es que más allá de ser un músico ordinario, lleva consigo una historia extraordinaria. Jorge integra la Orquesta Estable del Teatro Colón y organiza Música para el Alma, un proyecto que reúne a músicos de orquestas sinfónicas (como la Sinfónica Nacional, las orquestas Filarmónica y Estable del Colón, la de Tango de Buenos Aires y la Camerata Bariloche) y coros para dar conciertos gratuitos en hospitales, hogares, cárceles, geriátricos y escuelas de educación especial, entre otras instituciones públicas. Allí donde la enfermedad y las penas traen lágrimas, la invitación es a conectarse con los recuerdos y las vivencias, a escapar por un rato del dolor físico (y del alma), a reír.

La música toma desprevenidos a pacientes y familiares, enfermeras y médicos, personal de limpieza y visitantes que recorren los pasillos y los pabellones del Hospital de Oncología Marie Curie, frente al parque Centenario. Mientras preguntan “¿Y eso?”, se dirigen hipnotizados por el primer movimiento de la Sinfonía 40 de Mozart hasta el primer piso. Allí, con remeras con la inscripción “Música para el alma”, 90 músicos tocan frente a la escalera, donde se acomoda el coro.

No cabe nadie más, la sala se llena de almas buscando música. Los sobres con estudios y las recetas se vuelven abanicos improvisados. “¡Me siento en el Teatro Colón!”, Se escucha decir a una mujer emocionada, mientras otros se animan y suman su voz a la famosa “O sole mio” o a moverse con el Brindis de la Traviata de Verdi. De pronto la música amansa cualquier enfermedad.

“La semilla de todo esto tiene nombre: María Eugenia Rubio”, explica Jorge, quien fue pareja de la joven flautista de la Orquesta Nacional de Música Juan de Dios Filiberto que falleció a los 34 por cáncer de mama. “En 2011, su último año de vida, cuando ya no había nada por hacer, un grupo de músicos dimos un concierto en la Fundación Salud, donde ella se atendía. Cuando empezamos a tocar, la gente nos acompañó cantando: todos estaban pasando por algo similar a lo de Eugenia con sus familiares.”

Para la pareja, ese momento fue revelador: “El contacto con quienes atraviesan situaciones tan complicadas es muy especial, directo y nos conecta con la música desde un lugar distinto a lo que hacemos profesionalmente”. Los conciertos empezaron a sucederse, y como Eugenia ya no podía tocar la flauta, cantaba. “A través de la música, trascendió su dolor”, dice Jorge. Cuando ella murió, él continuó su legado, que está a punto de convertirse en asociación civil.

Los integrantes de música para el alma, tienen un sueño y es conseguir un transporte propio para hacer giras por toda la argentina. “La música en vivo transmite una energía sanadora”, afirma. También necesitan instrumentos musicales en buen estado. Pueden colaborar con este mágico proyecto aquí:www.musicaparaelalma.org