Mis amigos budistas describen con la siguiente analogía la forma en que podemos distraernos a la hora de asimilar el aprendizaje espiritual. Dicen que podemos ser como un recipiente al revés, donde nada cabe a pesar de estar vacío porque no se puede verter líquido en su interior. O como un recipiente que tiene un hueco, que por mas que tratemos de llenarlo lo que vertemos se escapa. O uno que no esta limpio, y aunque le pongamos el agua mas pura, será contaminada por su propia suciedad.

Volteamos el recipiente al revés cuando le damos la espalda a lo que la vida trata de mostrarnos. Quizás buscamos ayuda, pero no aceptamos lo que no encaje con nuestras razones. Y miramos sin ver. Leemos libros solo buscando justificar nuestras razones. O vamos en búsqueda de algún guía o terapeuta solo para confirmar que nuestra forma de pensar es la correcta.

O puede que por un huequito estemos perdiendo lo que recibimos. Esa perdida ocurre por falta de atención, cuando leemos un libro mientras estamos pendiente del teléfono o la televisión o cuando no terminamos los aprendizajes que comenzamos. La falta de reflexión, de interés o de perseverancia le quitan fuerza al nuevo conocimiento.

O quizás sea nuestro intelecto el que nos limita. El creer que las cosas son como nosotros las hemos aprendido hace que terminemos entendiendo solo lo que queremos. La falta de humildad al recibir el conocimiento nubla la percepción. Es la basura que contamina el mensaje mas puro que pueda llegarnos.

Debemos estar atentos para descubrir cuál es la nuestra.
Cuando estamos en una práctica espiritual, leemos libros, asistimos a seminarios o de alguna manera nos vinculamos a un camino espiritual pero no estamos en paz ni hay orden en nuestra vida, es que quizás debamos revisar como estamos recibiendo lo que se nos es dado.