las-decisiones-poderosas

Una vez que tomamos una decisión, es imposible detener el flujo de acontecimientos que ésta crea. Solo sería posible con una decisión diferente.
 
Así de poderosa es una decisión. Es el punto final de lo que acaba, y el principio de lo nuevo.
 
Pero no todas las que parecen serlo, lo son. Algunas son sólo una expresión de deseo, otras un simple pensamiento. Las decisiones, cuando se toman, suelen ser silenciosas y ocupan más espacio en nuestro pecho que en nuestra cabeza. De hecho, cuando tomamos decisiones que traen la fuerza del cambio, solemos honrarlas con silencio, nos las guardamos en nuestra intimidad por un tiempo o las compartimos con alguien muy cercano, porque sabemos que lo que viene, es imparable. Y así esperamos la complicidad de la vida. Es como si nos detuviéramos para tomar fuerzas para asumir la responsabilidad que esa decisión trae consigo.
 
Por eso, cuando creamos haber tomado una decisión y no veamos que la vida se está haciendo cómplice, que nada se mueve, quizás debamos revisar si la decisión que habíamos tomado, realmente fue nuestra mejor elección.
 
Lo sentiremos.
 
El deseo de cambio se queda especulando en la mente, pero una decisión trae un impulso que parece detenernos por un instante, como una inhalación profunda, y luego nos abre una puerta interna para pensar lo que antes no habíamos pensado, para sentir el valor y la voluntad que al principio no habíamos tenido, y llevarnos por sobre los comentarios ajenos: las voces de nuestros miedos.
 
Si, así de poderosa es una decisión.