Es parte de nuestra cultura el acto de bendecir, pedir la bendición o abrirnos a ella. Pero ¿Qué significa realmente este acto, que tiene tanto de místico como de humano?

Cuando ofrecemos una bendición, estamos abriendo nuestra mente y nuestro corazón para no quedarnos con una versión limitada de qué vemos, sino una amplificada, más generosa, amable y que se acerque al amor. Si veo una persona enferma, al bendecirla también puedo ver su sanidad. Sin negar la realidad, me permito una observación más profunda, yendo más allá de mis juicios personales para incluir la mirada del amor. Podría preguntarme ¿Qué estaría viendo Dios de esta situación o en esta persona? Y apostar a ese pensamiento.

La física cuántica nos ha demostrado que la realidad cambia, incluso a nivel molecular, cuando la percepción del observador cambia. Es decir, que el acto de bendecir es determinante, en varios aspectos, para lo que estamos bendiciendo.

En Un Curso de Milagros se lee, que cuando cambiamos la percepción, milagros ocurren. Es decir, que el mundo sería un espacio más fácil de vivir si ofreciéramos una bendición, en lugar de una opinión limitada por nuestros mundos internos, muchas veces llenos de miedo.

La vida nos bendice cada día. A pesar de todos los errores que cometamos en este planeta, amanece cada mañana, nos ponemos de pie, y todo se renueva. Sigamos esa actitud que la vida nos ofrece, ofreciendo la mejor mirada posible, en cada situación. Y veremos un nuevo mundo revelarse.