La idea de pertenecer a un grupo, ya sea de nuestra familia o de un país, nos suma, nos integra, pero también puede que nos distraiga de nuestra responsabilidad individual.
 
Cuando viajo, a menudo en los países se refieren a los habitantes como la causa de los problemas de los que ellos también son consecuencia. “Es que los venezolanos somos así”, “Es que Argentina tiene este problema”, “El problema es que los mexicanos…¨ Y así.
 
Pero, les pregunto a cada uno: ¿Quiénes son los venezolanos? o ¿Quién es Argentina? Y, obviamente, estas personas no se ven incluidas a sí mismas en ese relato, sino que ven al grupo como algo ajeno a ellos mismos. Pero les recuerdo que, por ejemplo, para un venezolano, la única parte de Venezuela a la que tiene acceso es a la “suya”. Que la única manera de generar un cambio grupal es comenzar por la parte en la que tengo poder, que es la mía, que soy yo. Y la única en la que puedo determinar que ese logro sea posible. Hacerlo y sostenerlo. Sobre todo sostenerlo.
 
En algunas culturas, como algunas europeas y anglosajonas, veo con más claridad como la conciencia de “hago mi parte” ha acelerado positivamente procesos, permitiendo que las crisis dejen más regalos que heridas. Pero siento que aún es un paso que estamos aprendiendo a dar en nuestros países.
 
Entonces, cada vez que hablemos en plural, ya sea de “La pareja”, “El país”, ¨Los de esta familia”, pongamos atención en volver la atención a nosotros y comenzar a hacer lo que consideramos oportuno, eso que antes le recomendábamos hacer a los demás.
 
Y veremos cómo la línea del destino se pone a favor de lo nuevo, lo positivo, lo que nos da más oportunidades.