He comentado que me gustan los finales. Primero, porque se que después de cada final llega un comienzo. Los finales se aprovechan porque siempre nos dejan lo vivido, lo aprendido y lo que con el pasar del tiempo seguiremos descubriendo. Porque aún cuando ponemos punto final, la vida pone puntos suspensivos hasta que recibamos todo lo que esas experiencias nos trajeron. Y los principios me llenan de aire fresco, de una sensación esperanzadora de que siempre podemos volver a empezar. Y que el pasado, lejos de pesar, se transforma en combustible para el próximo vuelo.
 
Así me siento en este momento del año. Con una mano diciendo adiós y con la otra recibiendo lo que aún se mantiene invisible, pero se siente con abundancia.
 
De lo vivido, me queda el sabor ácido y dulce del cacao venezolano, la humedad tropical de Miami, al aire puro de Chicago, la historia de Boston y la brisa suave de las tardes en Los Angeles. La amabilidad de la gente en Houston, en Maryland y de Medellín. El ritmo de cada esquina en Santo Domingo y de cada calle en Puerto Rico. Las conversaciones anónimas de las cafeterias de Buenos Aires y las voces siempre amables de los patagónicos. El silencio de Sedona. Qué mágico es Sedona…
 
Las memorias siempre coloridas de Guatemala, las nostalgia de los extranjeros en Panamá, y los panameños. El corazón abierto de Guadalajara y el tango, que mantiene mi corazón abierto con solo escucharlo. Los detalles de cada espacio de Montreal y cada minuto que pude respirar en Nueva York, que ya se siente a hogar. El silencio de mi casa y la locura de las calles.
 
La disposición de cada organizador de nuestros encuentros y la confianza de cada persona que se acerca dispuesta a abrir su mente y su corazón.
 
Los desencuentros porque me dejaron la certeza de que todo tiene un tiempo, los errores por sus enseñanzas, y lo inesperado, que me mantiene alerta y despierto recordándome que la vida tiene sus planes y no siempre coincide con los mios.
 
Gracias por cada encuentro, cada abrazo y las miradas cómplices que me dieron compañía en esos días menos claros.
 
Por permitirme sentirnos cómplices con solo leernos. Como en este momento. ¿Me sientes? A ti, gracias.
 
Y que el 2016 nos acerque aún más a nuestra verdad, para que cada dia, lo que suceda, se parezca más a nosotros.