Pregunta: Soy una mujer de cuarenta y seis años, colombiana. Ya hace seis años que vivo en Chile, con un trabajo estable. Me gusta lo que hago. Por lo tanto, deja de ser un trabajo para mí. Para el año 2000 me fui con mi familia para Estados Unidos. Vivimos diez años en la ciudad de Orlando, aun extrañando el país. Mi hija, la que ahora tiene 13, es nacida en ese país. Nos fuimos con mi esposo (en ese entonces) y solicitamos un asilo político. Hicimos todos los procesos, pero lamentablemente nos negaron el asilo y nos dieron 3 meses para irnos del país. Con una bebé ( y, además, ya habíamos comprado una casa) no era posible irnos y continuamos allá. Fue hasta entonces que un día me arrestó la policía por manejar con la licencia vencida y me deportaron por no tener papeles. Fue bastante fuerte esta experiencia, ya que pasé un mes y medio encerrada para, luego, ser enviada a mi país. Julio, conté un poco mi historia ya que ahí va mi interrogante. Allá me separé de mi esposo. Inicié una relación con una persona no sana para mí. Me causó mucho dolor, tanto llanto, en fin. Pienso que, en cierta forma, todo lo que pasó fue culpa mía. Dios quiso poner mar entre él y yo. Gracias a Dios la empresa en Colombia me dio la oportunidad de ir a Chile y hasta el momento he permanecido aquí.

JB: Dos cosas aquí. Corrijo nada más la palabra ‘culpa’ porque sé lo que quieres decir. Fue tu responsabilidad. De alguna manera tú habías creado eso. Pero no fue culpa de nadie, ni siquiera culpa tuya. Uno es culpable cuando hace las cosas totalmente con consciencia —digo— y sería culpable en ese caso. Pero creo que nadie hace algo que le va a dañar con total conciencia. Entonces, cuando hacemos algo malo o algo en contra de nosotros o en contra de alguien, pensamos que hasta lo hicimos a propósito. Pero en ese “a propósito”, ese cien por ciento nunca está porque la conciencia de quiénes somos nunca estuvo de acuerdo con lo que hicimos, aunque nos permite que lo hagamos porque somos libres de elegir.
Y otra cosa que te quería agregar, aprovechando el fluir de este correo con una historia tan interesante: generalmente después de algo desagradable viene un alivio y con la una mejor experiencia. Después de una noche, viene el día. Después de la tormenta, viene la calma. Cada vez que nos está pasando algo como esto, ilegal en Estados Unidos, te arrestan, te quedas un mes y algo en prisión, te deportan del país, tiene que venir algo bueno. Sólo depende de nuestra actitud para saber recibirlo. Por eso, cuando algo “malo” está ocurriendo —o cuando algo que no podemos entender está ocurriendo— nos deberíamos empezar a preparar porque algo bueno viene para compensar eso. La energía siempre compensa. Y éste es el caso. Lo que ocurrió, te permitió salir de un matrimonio en el que no te sentías propia y acercarte no solamente a un país diferente y a una nueva experiencia sino, además, a hacer este trabajo que estás haciendo ahora y que tiene que ver contigo. ¿Fue necesario? No, no es necesario el sufrimiento y el drama, pero, a veces, se vuelve necesario cuando estamos muy lejos de nosotros mismos. Aquí vienen las preguntas.

P: Mis interrogantes son: ¿Por qué uno atrae personas o situaciones iguales por las que ya pasó? Pregunto porque acá conocí a alguien igual o peor que la persona que conocí en Estados Unidos. Me ha causado dolor y llanto; y me ha costado un montón soltar a pesar de que las condiciones fueron diferentes.

JB: Aquí viene un tercer dato: aunque cambiemos las condiciones externas, si no cambiamos la raíz de las cosas, si no vamos profundo, no hay cambio verdadero. Por eso, siempre insisto que todo cambio requiere una visión profunda de lo que estamos haciendo. Si no, no lo hagamos porque es como tratar de corregir algo con un palito que se va a terminar de quebrar: va a ser una ilusión de unos días, pero se va a terminar de quebrar.
El verdadero trabajo es profundo. Y ése es el trabajo que insisto hagamos. Eso es lo que pretendo con mis libros, lo que pretendo con estos espacios, con la charlas, con los retiros y con todo lo que haga o vaya a hacer en mi vida, porque hasta ahora entiendo que ésa es mi misión: ir a esos espacios profundos. Pero para ir a esos espacios profundos necesitamos simpleza. No podríamos abrir un reloj e ir profundo dentro de la máquina con un destornillador muy grande o un equipamiento que sea complejo. Es simple y es pequeño para poder llegar a donde tenemos que llegar para abrirlo. Lo complejo es el reloj, la herramienta debe ser simple. En cuanto al camino espiritual, diría que tiene que ser simple y preciso. No andar con cosas tan amplias; porque al final esas cosas amplias quedan en la cabeza dando vueltas en forma de conceptos y nos distraen del asunto importante. Debemos saber exactamente dónde queremos ir y apuntar hacia eso.
Vuelvo a tu pregunta. “¿Por qué nos pasa lo mismo?” Cuando hay algo de nosotros que no podemos ver, la otra persona lo muestra. Cuando otra persona lo muestra —y ojo, puede que la otra persona también sea así, pero si me molesta me lo esta mostrando a mí para que lo vea en mí— tiene que ver conmigo. Si yo no lo modifico en mí, puede que la experiencia se multiplique por tres. Si, por ejemplo, yo no me sentía valioso y por no sentirme valioso generé una experiencia de infidelidad (y pienso que el problema es la infidelidad y el o la que fue infiel) y no asumo que en realidad eso ocurrió y me dolió para que yo me diera valor (porque si yo me diera valor no estaría con alguien que no me valora o que me valora menos que a la otra persona). Si lo pudiera ver no me pasaría más. Si no lo puedo ver y pienso que el problema es la otra persona o la infidelidad, la energía multiplica esa experiencia para que yo lo pueda ver. Porque si me la puso en volumen 2 y no la escuché, me la va a poner en volumen 5 para que pueda escuchar y me la va a poner en volumen 8 si la sigo ignorando.
Entonces, volvemos a repetir lo mismo externamente cuando internamente no lo vimos, y se va a ir multiplicando, nos va a doler más, nos va a molestar, vamos a tener más urgencia de salir de eso…

P: ¿Qué pasaría conmigo, por qué me pasa esto? Porqué las mismas personas y situaciones. Ahora tomé la decisión de alejarme de esa persona, tratando de ver cómo salgo de mi situación económica…

JB: Aquí viene el tema de tomar distancia. Si uno se aleja de alguien para escapar de esa persona, pensando que esa persona es el problema, te vas a encontrar en un giro de 180 grados con otra persona igual, pero con una experiencia más dolorosa. Pero, a veces necesitamos ese espacio. Está en nosotros la situación a resolver. No está en el otro. Eso está claro. Yo sé que no está en el otro; pero el otro todavía me llama tanto la atención que no puedo volver a mí mientras comparto con el porque estoy muy débil todavía. Voy a escuchar su voz, voy a ver su actitud y la tendencia es volver a irme hacia afuera. Entonces, en esos casos tomo distancia del otro para poder acercarme a mí. No tomo distancia del otro porque el otro sea el problema. Tomo distancia del otro porque el otro me distrae mucho. Entonces, tomo distancia del otro para poder acercarme a mí. Es decir, esto está encaminado creo. Has tomado distancia del otro. Ahora te toca ver qué pasa contigo, que es la pregunta que estás haciendo.

P: En cuanto al trabajo, he tratado de pedir aumento, pero hasta ahora es complicado y siento que esos caminos están cerrados. Pienso mucho en cambiarlo, pero este país es un poco clasista. Tú vales según de la universidad que vienes.

JB: Tú puedes estar en una sociedad muy clasista, pero habrá quienes te valoren por lo que eres y no por la clase a la que perteneces. Eso depende más de ti y que del otro. Yo sé que, aparentemente, depende del otro, pero la gente reacciona a ti de acuerdo a la experiencia que tengas tú contigo. Sé que es demasiada información. Estoy poniendo muchos libros juntos en una sola respuesta. Pero sé que esto queda escrito y después van a ir de a poquito bajando la información para poder discernir. Y no porque sea una información extraordinaria, sino porque es opuesta a lo que hemos pensado.

P: Julio, yo todo lo que he aprendido ha sido por la experiencia, las ganas de aprender y las oportunidades que se me han presentado. Terminé mi bachiller y he hecho varios cursos. Y, como te digo, han sido las oportunidades en las cuales he aprendido lo que soy ahora. Así que me da miedo intentar en otra parte por el rechazo que me han hagan de no tener un título.

JB: Insisto, ése no es el tema. Hay una pregunta que quedó abierta y la respuesta la vas a tener tú: ¿por qué me pasó esto? Pero aquí hay un dato. Este rechazo que sientes que la gente te puede dar es el rechazo que has sentido de estas parejas. Entonces, fíjate como también en tu trabajo está pasando lo mismo. Sientes que los demás pueden manipularte, decirte algo que pueda afectarte como lo han hecho estas personas que han sido tus parejas. Entonces, revisa qué es lo que piensas de ti otra vez. Hay una falta de valoración en lo que eres. Hay una creencia que nos toca a muchos seres humanos, es que tenemos que hacer para ser valiosos. Conozco gente muy valiosa sin títulos universitarios, que cada vez que quieren hacer algo los tratan como si fueran doctores, no porque lo que hayan estudiado sino por quiénes son. Y conozco mucha gente con mucha plata en el bolsillo que es muy poco respetada porque no saben quiénes son, y creen que son los que tienen en el bolsillo, lo que genera soberbia de ellos y rechazo de los demás. Entonces, con este dato te invito a que empieces a mirarte. Y empieces a reconocer, de todo lo que hemos dicho, por dónde puedes empezar a encontrar tu valor en quien eres de verdad.