Un grupo de científicos ha descubierto que las células de los hijos viven también en el cerebro de sus madres. Este fenómeno se conoce como microquimerismo. Con este estudio se demuestra que la conexión entre madre e hijo es mucho más profunda de lo que pensamos. Es la prueba de que el ser humano es un organismo plural, compuesto por sus ancestros a nivel celular. La nueva investigación sugiere una conexión física más profunda de lo pensando. Los extensos lazos psicológicos y físicos compartidos por la madre y su hijo comienzan durante la gestación, cuando la madre lo es todo para el feto en desarrollo, suministrándole calor y sustento, mientras que su corazón a un ritmo constante actúa como calmante.

Sabemos que células migran entre la madre y el feto a través de la placenta, incorporándose a distintos órganos. Pero el nivel y la duración de esta migración no fue reconocida hasta poco tiempo, luego de que científicos empezaron a descubrir células masculinas viviendo en mujeres incluso 20 años después del embarazo. Además del intercambio entre la madre y el feto, puede haber intercambio de células entre gemelos en el útero, y también existe la posibilidad de que las células de un hermano mayor que reside en la madre pueden encontrar su camino de regreso a través de la placenta a un hermano menor en la gestación de este último. Las mujeres pueden tener células microquimerias tanto de su madre como de sus propios embarazos, e incluso hay evidencia de la competencia entre las células de la abuela y el bebé dentro de la madre.

No se sabe del todo cual es la función de estas células pero se cree que pueden participar en la restauración del tejido de manera similar a las células madre y se cree también pueden tener un papel en el sistema inmune. Estamos conectados a través de lazos emocionales pero también lazos sociobiológicos, nuestras conexiones son más fuertes de lo que creemos.