“La fe mueve montañas” es una frase que muchos hemos escuchado, sin embargo la historia de Dashrath Manjhi, de Gehlaur, una pequeña aldea de la India. Le da un sentido extraordinario. La historia de dos pueblos separados por una montaña, uno con más recursos que el otro, y cientos de personas viajando a través de peligroso de 60 kilómetros para poder trabajar. La grandiosa historia de Dashrath Manjhi empezó en 1960 e involucra la tradición de su esposa de llevarle comida todos los días al trabajo, hasta que un día llegó con las manos vacías y sus ojos bañados en lágrimas. Recorriendo el escarpado camino había sufrido una caída, perdiendo los víveres e hiriéndose levemente. No era la primera vez que alguien tenía un accidente, incluso mortal, recorriendo aquella senda tan larga como peligrosa que rodeaba la imponente montaña. Viendo a su desconsolada esposa, Dashrath dijo basta. Si nadie tomaba cartas en el asunto, él mismo lo haría.

Dashrath Manjhi usaría lo que tenía. Vendió unas cabras que eran su posesión más valiosa y con el dinero compró un martillo, un cincel y varias palancas. Con esas modestas armas se propuso desafiar a la montaña.

Comenzó a picar y picar. Algún tiempo después de comenzar su tarea, su esposa enfermó y no logró sobrevivir, (el doctor más cercano estaba a 75 kilómetros a pie). Fue un golpe terrible, pero el dolor no hizo más que alimentar su intención. Percatándose de la grandeza de la misión que había emprendido, los vecinos empezaron a ofrecer alimentos a Dashrath, que pudo dejar su anterior empleo para dedicar toda su energía a batirse día y noche con la montaña. 22 años después, en 1982, el hombre con el martillo y el cincel, le ganó la batalla a la montaña. Había conseguido crear un camino de 100 metros de largo y 10 de ancho, que aún hoy permite a los habitantes de más de medio centenar de pequeños pueblos de la zona de Atri llegar al hospital o la escuela recorriendo cinco kilómetros. El hombre que venció a la montaña murió en 2007, víctima del cáncer. Pero sin lugar a dudas su historia merece que volvamos a pensar cuando usemos la palabra “Imposible”.