El-derecho-a-la-tristeza
Estamos transitando esa época del año donde la palabra feliz se repite en cada saludo. Feliz Navidad, feliz año nuevo, felices fiestas. Pero este buen deseo, a veces, se encuentra con alguna tristeza. Por lo que no fue, por lo que no pudo ser… porque en todo cierre de ciclo revisamos lo vivido y, en ese ajuste, la tristeza suele ocupar un lugar. Le ocurre al inmigrante alejado de su familia y los amigos, al que finalizó una relación o al que despidió un ser querido. Esos finales que aún ocupan un lugar en el corazón y que, quizás, toman más de unos meses en cerrar su ciclo interno, que no siempre coincide con el calendario.
 
Quienes me conocen, saben que no promuevo más que el bienestar. Pero para llegar a el, muchas veces, debemos transitar su opuesto. Y, para eso, debamos ver con ojos claros este deseo que a veces se siente “obligatorio” a estar felices, cuando en realidad la tristeza aún está haciendo su trabajo. (Según puedo ver, la tristeza ocurre cuando estamos dejando ir la idea de algo que no pudo ser. Mas allá de lo que haya sucedido, cuando nos sentimos tristes, es que quizás nuestro cuerpo energético se esta “reseteando” para dejar espacio libre a lo que está por llegar)
 
Mi invitación es ejercer nuestro derecho a la tristeza cuando ella nos visita. Nunca viene para quedarse, aunque se instala y nos espera si no la queremos atender. Recibirla conscientemente es darnos tiempo para estar con nosotros, no disimularla ni esconderla, pero permitirnos sentirla y hacer el trabajo de dejar ir lo que ya no es. Nuestra cultura de fiestas no siempre está a nuestro favor, pero es una decisión personal que podemos tomar.
 
Si hay tristeza y le permitimos que ella haga su trabajo, les aseguro que la felicidad, esa que antes buscábamos como un simple maquillaje, estará ahora en nuestra piel instalada para sentirla profundamente en los días por venir.
 
Les deseo lo mejor para este tiempo de renovación. (Y que cada quien pueda decidir la intención de esa palabra).