Imaginen un planeta donde cada uno vea las cosas a su manera, donde cada pensamiento por más parecido que sea, termine siendo diferente, donde prácticamente aunque hablemos el mismo idioma, no siempre nos entendemos ¿Cómo sería posible la conexión entre las personas de ese planeta? No hace falta imaginarlo, pues, estamos en ese planeta, y establecer esa conexión es uno de nuestros principales propósitos.

En el Génesis, se usa la figura de la torre de Babel como un llamado de atención a los seres humanos como grupo. Cuando los hombres quieren llegar al cielo usando sus recursos materiales para ser admirados e impedir que fueran distribuidos en la tierra (Construyamos una ciudad con una torre que llegue hasta el cielo. De ese modo nos haremos famosos y evitaremos ser dispersados por toda la tierra. Génesis, 11.4), se dice que Dios, para evitar que lo lograran y ahorrarles tiempos de evolución (esto último, es mi opinión) les cambió el idioma (“Será mejor que bajemos a confundir su idioma, para que ya no se entiendan entre ellos mismos”. Génesis, 11.7)

Miles de años han pasado desde aquello, y aún seguimos en Babel. Hoy, no solo nos dividen los idiomas, sino que hemos usado las ideas, los colores, la identidad sexual, la geografía y hasta nuestros apellidos para refugiarnos en nuestra imaginarias torrecitas de arena. Sí; seguimos intentando construir torres, pero ahora una para cada uno, creyendo que dentro de ellas nos sentiremos bien. Y hemos logrado todo lo contrario, terminando muchas veces en aquel milenario resultado: La confusión.

Por ahora, la tarea quizás aún no sea dejar las torres atrás. Pero, al menos, animarnos a salir de ellas. Esto implica compasión, tolerancia y una clara decisión de conectarme con el otro, escuchando todos los argumentos que me han alejado, pero dispuestos a trascenderlos.

Ese puente entre las “torres” podría llamarse: perdón. Pero elegiría una palabra que tiene el poder de lo posible: aceptación. Aun cuando no esté de acuerdo, animarme a establecer un contacto más amoroso con el de la otra “torre”, me dará la paz que creía que iba a sentir si me encerraba en la mía, y que nunca logré. Conectarnos lo más amorosamente posible con los que consideramos diferentes nos abre caminos a la energía del amor. Y cuando la energía del amor comienza a obrar, ella misma nos va guiando a cómo dar los siguientes pasos.