Pregunta: Soy una mujer de 30 años con una clara visión de lo que quiero, paz y felicidad. Trabajo muy duro para lograrlo y estoy muy agradecida con Dios por todas las cosas que me ha dado, y la persona en la que me he convertido a pesar de las vicisitudes durante los años. Pero hay una cosa que no he logrado aceptar ni sacar de mi ser que es el hecho de que mi padre abusaba de mí se-xualmente mientras yo era una niña. Siento vergüenza de eso y pasé mi vida cuidando a mi her-mana para que ella no fuera víctima también. Nunca se lo dije a nadie. Sufrí en silencio desde los cinco años hasta los once, que dejó de abusar de mi. Luego, comencé un camino de encontrarme conmigo misma y entender que podía enamorarme y dejar aquello atrás. Sin embargo, hoy en día estoy en una relación de pareja que apunta al matrimonio, y no sé cómo decírselo a mi prometido ni cómo asegurarme que en el futuro no desconfiaré del padre de mis hijos al dejarlos solos con él.

Bevione: Me parece valioso el poder darse cuenta de esto a tiempo. ‘A tiempo’ significa “en el momento de tu vida en el que quieres que sea diferente”. Esto nunca es tarde, nunca es temprano: Pero sí en el tiempo en que tú decides que las cosas pueden ser diferentes de aquí en más.
Me detengo porque en el tema de los abusos siempre hay mucho que resolver, porque es mucho más emocional. Digamos que el hecho en sí reviste gravedad, pero lo que emocionalmente nos queda de ese hecho es aún mucho más duro. Por eso, a veces, necesitamos el tiempo y la madu-rez como siento que ya lo tienes en este momento para poder verlo de otra manera. Lo bueno de hoy es que con tus treinta años ya eres una persona madura para decidir qué hacer con eso.
Muchas veces, cuando hemos tenido experiencias como ésta —en nuestra infancia, en nuestra adolescencia, en tiempos en que no éramos totalmente conscientes que podíamos decidir otra co-sa— a la distancia en el tiempo, ahora con 30 años, la tendencia suele ser querer resolverlo con la misma mentalidad de aquel momento. Es decir, la mujer de 30 hoy podría intentar resolverlo con la mentalidad de la niña que fue cuando ocurrió. Y yo creo que, si algo nos da la vida, a lo largo del paso del tiempo, es crear una mejor consciencia. Entonces, yo te diría que lo más importante en este tiempo es darte cuenta de que hoy puedes elegir algo diferente no solamente para tu vida, sino para ver eso de otra manera. No para disculpar, si no lo sientes, pero al menos para ser compasiva contigo y con esta persona, pero, especialmente, contigo.
Nada tiende a repetirse cuando es perdonado. Ése es el poder del perdón. Cuando perdonamos, cuando ponemos las cosas en su lugar, cuando sabemos entender lo que pasó —más allá que estemos de acuerdo o no, es cuando de verdad podemos cerrar capítulo y no permitir que el futu-ro se convierta solamente en una continuación del pasado.
Insisto. El temor a que repitamos el mismo error no está ligado a que pueda a pasar, sino al temor no resuelto por lo que ocurrió. Cuando perdonamos el temor ya no tiene lugar y dejamos otra vez el camino libre para el futuro, para que tenga que pasar lo mejor que tenga que pasar en la expe-riencia nuestra y en la personas involucradas, que en este caso pueden ser tus hijos.
Y sobre cómo decir las cosas hay uno de los pasos en Relaciones que Funcionan que le llamo “La verdad abre los caminos al amor”. Me parece muy valioso que quieras compartir esto con tu prometido, tu pareja ya que vas hacia un matrimonio.
Muchas veces, cuando converso con personas que me cuentan sus historias, historias fuertes como ésta, suelo preguntarles “¿tienes pareja?” y me dicen “sí”… – ¿Y están casados? – sí, – ¿y cuánto tiempo?… -Tenemos 15 años, 20 años, tenemos un largo tiempo de relación. Y le pregunto “-¿y tu pareja no conoce esto de ti, no sabe esto de ti?” … Me dicen “-¡no, ni se lo diría!”. La sen-sación que tenemos es que, al esconder lo que nos duele, la otra persona va a quedarse con no-sotros porque si le contamos lo que nos duele puede que el otro escape.
En realidad, cuando estamos unidos en el propósito del amor lo más importante que deberíamos contarle a la otra persona es justamente lo que nos duele, lo que nos preocupa, lo que nos asus-ta, eso que está en nuestro camino de vida y de lo que quizás no nos sentimos orgullosos ni feli-ces de que haya ocurrido. Pero eso es lo que hemos vivido. Y en la medida que te muestro quien soy, en la medida que me abro y auténticamente te muestro mi intimidad, te estaré mostrando dón-de cuidarme —si no te muestro la herida puede que tú metas el dedo justo en ella y no sepas por-que no te lo conté.
Entonces yo creo que, si tienen el plan de estar en pareja, continuar la relación y llevarla al matri-monio —por tu bien, por el de él, por el de la relación y por lo delos hijos por venir— deberías po-der mostrarle esto. La duda que tienes es que le vas a contar algo terrible, pero terrible es que lo que le paso a esa niña de 6, 7,8, 9 y 10 años… pero no es terrible lo que le vas a contar porque, hoy, lo que le vas a contar es una historia que a tí te ha permitido ser quien eres. Y es tu historia y tú eres valiosa, ésa es la razón por la cual esta persona te está eligiendo a ti para compartir su vida.