¿Cómo puedo aportar para un mundo mejor?
Esta es una pregunta común entre quienes me escriben. Una pregunta que se repite, pero que en estos días se multiplica. Donde sea que estemos parados, podemos imaginarnos que ese lugar podría ser mejor.
Mi respuesta también se repite: “No desees que nada cambie, excepto tu”.
Generalmente, nuestra reacción ante lo que nos desagrada es oponernos. Lo criticamos, lo queremos cambiar, lo evitamos mirar, aunque nos duela. Gran parte de nuestra atención está puesta en eso. Y al oponernos, no solo le damos atención, que ya de por si es valiosa, sino que le ofrecemos todo nuestro potencial creativo. Gastamos nuestro más sagrado capital, nuestra energía y nuestra presencia, en destruir.
La propuesta, por el contrario, es crear. Animarnos a crear lo nuevo. Apostar por lo no hecho y comenzar a hacerlo.
Si nos oponemos a los líderes que no nos gustan, perdemos la posibilidad de apoyar un nuevo líder o iniciar nuestro propio liderazgo.
Si nos enojamos con la gente con la que no acordamos, ponemos distancia y el desacuerdo será cada vez mayor, ahora también provocado por nosotros.
Si uso el miedo, no puedo crear. Nada nace del miedo. Solo multiplica lo temido, que no es poco, pero no es nuevo.
Si algo no nos gusta de nuestro entorno, preguntémonos que podemos crear que sea diferente. No lo pidamos, comencemos nosotros.
Entiendo que no es la solución más fácil, pero es la única posible. Tratar de cambiar por oposición lo hemos probado por cientos de años y aquí estamos, con actitudes que en algunos casos parecen sacadas de libros de historia, lejos de los relatos que podríamos contar de estos nuevos tiempos.
Apostemos por estas palabras:
Comenzar.
Crear.
Confiar.
Focalizar.
Discernir.
Sumar.
Y veamos en lo inmediato, en lo que nos rodea, cómo podemos comenzar a transformarlas en movimiento.
¿Cómo puedo aportar para un mundo mejor?
Siendo el mundo que quiero ver.