ante-la-violencia
 
Quiero reflexionar sobre la violencia que ha ido ganando espacios en lo cotidiano, más de lo que podíamos imaginar para un mundo civilizado como éste y a esta altura de la evolución.
Cuando escucho que alguien comenta algún hecho de violencia, de los sociales, religiosos o políticos, hasta los que ocurren entre cuatro paredes más cerca de nosotros, la historia siempre termina en la condena de uno y la solidaridad con la otra parte. Quizás, esa misma historia, desde el otro lado se escucha igual de dividida, pero con la balanza al revés.
 
Y lo cierto es que la violencia tiene dos caras parecidas. En alguna medida, ambas son víctimas. Entiendo cuánto nos cuesta verlo, pero por eso quiero hacer esta reflexión.
 
Nadie hiere sin haber sido herido. Si ha sido herido, y no pudo lidiar con esa herida. Sin dudas, no hay ningún derecho a seguir hiriendo. Ninguno. Ni el que pueda resultar más justificado, porque el ser humano tiene conciencia y racionalidad suficiente para decidir una mejor actitud. Pero hasta que no veamos la verdadera causa, tampoco habrá una solución verdadera. A las pruebas me remito: en un mundo tan investigado y actualizado aún nos seguimos maltratando y hasta matando como en la edad de piedra.
 
El camino posible para menguar ese odio es un acercamiento, y éste no es posible si desde ambos lados seguimos pensando que el errado es el otro. Quién sea, pero el otro.
Acercarnos implica humildad para saber que nuestras razones y puntos de vista no son los únicos, ni los mejores. Quizás lo son desde nuestro punto de vista, pero allí en donde necesitamos que la humildad haga su trabajo. En recordar que no estamos solos en este planeta y que nuestra historia no es la historia de todos. Cada uno, con su contexto, con su cultura y sus dioses, con sus carencias y sus miedos, se ha ido forjando una visión tan diferente del otro que lo único imaginable es la condena. La condena y el ataque.
 
Y acercarnos también implica compasión. Una compasión que nos permita ver al otro lo más claramente posible. Porque si lo miramos con más claridad podremos descubrir que detrás del ataque, también hay una herida.
 
Los invito a iniciar una reflexión más profunda cuando nos tentemos a sumarnos de un solo lado de la historia. Entiendo que es tentador, especialmente si estamos más cerca del bueno y lo más lejos posible del malo. Pero si de verdad queremos un cambio, que seamos nosotros los primeros en tener una mirada más transparente, que tenga un poquito de humildad y compasión.
 
Tanto fundamentalismo necesita de moderación, de provocar un encuentro. Y los seres humanos tenemos la sabiduría y la lucidez para hacerlo. Solo falta que comencemos. Que alguien comience.
 
Yo me anoto.