Alcanzar un estado mental donde podamos aceptar lo que pasa, tal como pasa, es uno de los logros espirituales más profundos en nuestra evolución. Primero, porque nos damos cuenta que es la única manera posible de alcanzar la paz, por fuera y por dentro de nosotros.
Soltar la necesidad de tener razón, de entenderlo todo, para llegar a la aceptación nos lleva directo a nuestra realización espiritual. Y al lograrlo, nos damos cuenta que el camino por recorrer no era el equivocado, pero su recorrido era al revés. Cuando acepto, realmente puedo entender y eventualmente encontrar una razón.
“Acepto esto tal como se presenta. Amo lo que me pasa”. Hay días en que estas frases me acompañan desde que me levanto hasta irme a dormir. Las llevo en el bolsillo porque es la llave que abrirá la puerta de mi interior cuando lo externo me esté tentando a quitarme la paz. Aceptar esto que está ocurriendo con la certeza que es lo perfecto para este momento. ¡Y ya está!
Confieso que me llevó tiempo dejar de entregarle el poder a mi mente con sus excusas y justificaciones, algunas muy lógicas y aparentemente justas. Pero poco a poco me permití rendirme ante las cosas tal como son. Y especialmente ante las personas. Aún cuando demorara varios años en alcanzar el punto de aceptación, éste llegaba. Y al llegar, veía que definitivamente lo que había pasado había sido perfecto tal como fue.