Pensamos que el agradecimiento es solamente una consecuencia de algo recibido, prometido o conseguido. Que decir “gracias” es la conclusión. Pero agradecer también puede ser un principio, el inicio de algo nuevo, el punto de partida para lo que queremos crear.

Cuando agradecemos, la energía que sostenemos puede ser la causante de una nueva oportunidad. Al agradecer, están alineadas mis mejores emociones, como la alegría, la satisfacción o la confianza. Y tenemos claro un pensamiento, ése que pone nuestra atención en aquello que agradecemos. Es decir, agradeciendo, estoy creando desde la energía más fértil, usando todo mi potencial para que ocurra.

Es por esto que cuando alguien me dice: ¿Cómo puedo agradecer lo que aún no ha ocurrido? o ¿Cómo agradecer con lo enojado que estoy?, les respondo que, justamente, agradecer es la tarea. Agradecer limpia el terreno mental y emocional para que lo agradecido pueda tener un lugar entre nosotros.

Claro está, que agradecer es una actitud, no el solo hecho de decir gracias. Para eso debemos ir reeducando la manera en que nos referimos a lo que nuestro corazón desea pero aún forma parte de nuestra realidad inmediata. Observar si los pensamientos se van hacia la queja, para elegir enfocarlos en la gratitud. Detenernos cuando enfoquemos en lo que no hay, pero reconocer lo que sí está sucediendo. Cuidar lo que especulamos hacia el futuro, poniendo atención a la mejor historia que nos podamos contar. Y, sobre todo, confiar en el proceso de la vida. Recordar que podemos controlar lo que deseamos, pero que la vida conoce maneras que para nosotros pueden ser imposibles. Y confiar. De hecho, un corazón agradecido necesita de la confianza.